Caracas Dos Máscaras: No ver para creer

2 jul. 2011

No ver para creer

Un puente a los sueños
“Muchas veces los seres humanos necesitan de la soledad para llegar a la comprensión absoluta”

Por Patrizia Aymerich
@Patifini
Fotografías de Caracas Dos Máscaras



Era como si de un gran libro salieran las imágenes plegables de aquellos divertidos seres que, ahora, de adultos, preferimos esconder. Tras miradas sobrias, tras “no-te-sientes-aquí” o “no-puedes-hacer-esto”, tras líneas rectas y cosas que suenan a banco.

No ver para creer, original de Victoria Salomón, es una muestra de lo hermoso y necesario que es volver a contar historias; y el Grupo Teatral Hespérides se convierte en guardián de esta importante labor, que le ha permitido a los chicos del taller juvenil del Colegio La Concepción querer quedarse con el teatro.

El texto relata las travesuras de cinco duendes que habitan en un puente ubicado en lo que parece ser la nada. Desde allí intentan, sin ser vistos,  buscar solución a los problemas de los humanos, lo que da lugar a varias historias relacionadas por el miedo a creer en los sueños y el riguroso seguimiento de protocolos que, a veces, no permiten a las personas ver más allá.



Para Victoria Salomón, quien se fusiona en la dramaturgia y la dirección de la pieza, la inspiración son los mismos chicos que participaron en el taller: “ellos están en una etapa en la que están viviendo las experiencias más importantes de sus vidas y poder ser parte de eso me parece impresionante, así que todo lo hice en base a lo que ellos necesitan oír, aprender y expresar; la obra sale tan sincera porque son ellos hablando”.

Quizás ya no se trata de si Sebastián encontró el amor, sino de cómo logró quedárselo. Quizás tampoco se trata de que Oriana consiguiera nuevos amigos, sino de si en el camino se encontró a ella misma.

“Dejan de recurrir a ustedes mismos cuando necesitan encontrarse”

La imaginación sueña ser verdad, la verdad sueña con parecerse a la imaginación. Y cuando pasa uno u otro, se enrarece el mundo, y a veces no es como queríamos porque se decantan los verdaderos deseos del ser humano. Pero crecen la imaginación y la realidad para formar mundos mejores... y quizás eso es lo que hace falta.

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