Caracas Dos Máscaras: Lisístrata

14 oct. 2010

Lisístrata


¿Para qué las palancas? ¡No es eso lo que hace falta sino sentido común!


En medio del suspenso lúgubre que recae sobre un gran portón en el centro del escenario, aparece sorpresivamente un trío de músicos desparpajados que arranca las risas del público. Se escucha una canción que no entona con la época del Aristófanes que escribió Lisístrata, pero sí con el toque de irreverencia que caracteriza a Teatro UCAB.

SEXO. Con mayúsculas. Es la palabra que se observaba en la publicidad de la obra, y es claro su efecto cuando la fila para entrar a la función va desde la planta baja del módulo cuatro hasta el piso tres. El Teatro UCAB logró, una vez más, hacer reír y disfrutar a un público juvenil pero, quizás, por la personalidad de Caracas, poco acostumbrado al teatro. Sin embargo, más allá del sexo, el trasfondo de la historia que nos presentan se adhiere muy bien a la realidad venezolana, como el profesor José Briceño, director de la pieza, nos deja ver en su descripción de la obra: ambigua.
Las latentes imágenes políticas y sociales presentes en la obra, son un reflejo de nuestra actualidad y ayudan, aunque pintadas de parodia, a entender nuestra alimentación infantil de los dobles discursos. Los músicos con sus trajes alusivos a diversas épocas de la historia y sus canciones de crítica; y la intención implícita de las mujeres porque los hombres las dejaran opinar, participar y hacer política a su modo, son ejemplos de esa ambigüedad con la que Lisístrata pretende denunciar los males de la humanidad.

Pero, “explicar un chiste es peor que echarlo mal” y, para quien aburren los temas escondidos, la obra viene siendo una comedia que se adhiere fácilmente al común “mal pensamiento” del venezolano, que, después de todo no está tan mal pensado. A fin de cuentas, el contenido sexual es el todo cómico de la obra. A esto se le suma la cantidad de chistes propios que separaron un poco la historia de la Grecia Antigua y la acercaron al 2010.
Por un momento parecía que la energía estaba dispersa y la proyección, dejada en la teoría, no permitía que el escenario retumbara con los hermosos personajes trabajados. Pero la juventud llena más de ganas que de experiencia, se apoderó del momento y de las risas de unos espectadores fascinados y con ansias de ver más teatro.
¿De qué va el cuento?
Antigua Grecia. Lisístrata, cansada de la guerra, reúne a todas las mujeres del Peloponeso y Grecia para buscar una solución que los conduzca a la paz. Las féminas enloquecen al saber el plan, prefieren “quemarse en llamas” y “hacer la guerra” antes de seguir adelante, pero luego de las dudas se deciden: si quieren obligar a los hombres a hacer la paz deben abstenerse del SEXO. Pronto se apoderan de la Acrópolis para alejarse de los hombres y resguardar el oro destinado a la guerra. De este modo, la lucha entre ciudades se convierte en una guerra de géneros.

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