Caracas Dos Máscaras: Entrevista a Luigi Sciamanna

30 may. 2012

Entrevista a Luigi Sciamanna

Teatro para crisis venezolana

Por E.A. Moreno-Uribe
Imágenes de archivo

El nazi Adolfo Hitler se suicidó en Berlín el 30 de Abril de 1945, pero tres días antes, en Dongo, era ejecutado el fascista Benito Mussolini. Terminó así esta pareja de dictadores que engañaron a sus pueblos y fueron algunos de los artífices de la Segunda Guerra Mundial, donde perecieron 70 millones de personas.

Es por eso que en abril, de 1938 -como es la ficción teatral que Luigi Sciamanna ha creado para presentarla con el título de La novia del gigante- un comandante italiano urde una conspiración para retirar y detener a una guía de la Academia de Florencia, que atendía a los turistas interesados en apreciar la monumental escultura David de Miguel Ángel Buonarroti, culminada en el año 1504.

Combinando la historia real, de la nefasta alianza entre los nazis y los fascistas,  con una ficción donde está presente la persecución a los judíos, el autor y director Sciamanna hace temporada en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, acompañado por los actores  María Fernanda Ferro, Antonio Delli, Armando Cabrera, Gerardo Soto, Juan Carlos Martínez y Elio Pietrini.


Sciamanna, quien además es un reconocido actor, debuta así como dramaturgo con La novia del gigante, por lo cual lo entrevistamos:

-¿Para qué escribe teatro?
-Escribo para crecer.

-¿De dónde sale su experimentación como dramaturgo?
-Hay un primer paso que viene de mi trabajo como actor, pues se analiza el texto, se trata de descifrar o entender su estructura, sus giros. De allí viene un primer contacto con lo dramatúrgico. Suele suceder en el teatro que si nos gusta trabajar textos clásicos, se termina haciendo la “versión” de los textos con los que trabajas y para hacer esas “versiones” se necesita ante todo entender cómo está construida la pieza en su forma original. Esto, en lo personal, ocurrió desde mucho antes de entrar al Teatro Universitario de la UCV.

-¿Cuáles son los orígenes de sus otras obras teatrales?
-Santo Di Patria, la primera obra que escribí y publiqué, es un homenaje al mundo de la ópera a través de una mujer, una heroína, o más bien una anti-heroína, como lo fue Virginia Oldoini, Condesa de Castiglione.  Cuando descubrí al personaje, de inmediato quise sentarme a escribir algo y comencé con un monólogo porque quería centrarme en un personaje y desarrollarlo. Estaba pensando como actor-dramaturgo. Me parecía que como actor, lo mejor que podía hacer era comenzar escribiendo un personaje para otro actor, en este caso una actriz. Después aparecieron los otros personajes y salí al ruedo con esta pieza de cinco personajes y con esa estructura un tanto sui generis: una obra para dos actrices donde hay unos hombres que orbitan a su alrededor.

-Habitación con desayuno, mi segunda pieza escrita y publicada, basa su estructura en el mito del héroe. Al narrar la historia de alguien que intenta encontrarse con su sexualidad y vencer todos los obstáculos, buscaba una estructura sobre el viaje y qué mejor que la aventura del viaje del héroe. Adoro el mundo mitológico, y las lecturas y relecturas de libros como El héroe de las mil caras de Joseph Campbell, La rama dorada de James Frazer y la revisión del Ciclo de los Nibelungos de Richard Wagner, fueron el territorio arado para esta segunda aventura dramática.

-Llegamos entonces a la tercera obra escrita y publicada que es Primos de sangre. Esta tuvo su idea germinal hace más de 20 años y tal como lo digo en el prólogo de la edición, reapareció cuando menos lo esperaba; originalmente no ocurría en la Italia fascista y significa la primera aproximación al asunto del fascismo en Italia visto a través de una familia. Es una pieza ambiciosa, una ópera, al menos eso aspira a ser. Tiene música que debe ser interpretada en vivo, tres actos, dos intermedios, quince personajes, y la verdad es que es una obra que me gustaría ver en escena para saber, no sólo qué sucede en su relación con la audiencia, sino qué sucede dentro de la pieza misma, en su relación de música y texto, en esa estructura en particular. Llegamos entonces a La novia del gigante que ahora, felizmente, está en cartelera, iniciando su viaje escénico y de la cual estoy preparando su edición. Si en Primos… se trata de una aproximación al fenómeno del fascismo visto a través del contexto de una familia, La novia… ofrece una mirada más cercana y profunda al fenómeno fascista, pero a través de algunas de sus instituciones.

-¿Su origen italiano lo ha llevado al tema del fascismo?
-El tema del fascismo, pero visto a través del contexto de la familia, me ha resultado fascinante  para escribir. Desde niño he escuchado anécdotas sobre la guerra, en particular la post guerra y la pobreza; crecí con una activa sensibilidad hacia ese período. Por supuesto que siendo italiano, porque me considero tan venezolano como italiano, abordar el tema de lo familiar me es muy cercano, querido y doloroso aunque evito la inspiración directa en lo biográfico y personal. No lo evado, pero no es lo fundamental. Me encanta e interesa mucho más lo creativo, investigar, estudiar, imaginar y tomar uno que otro detalle personal y recrearlo, además sé que el inconsciente hace lo suyo, así que para qué forzar la barra.

-¿Cómo se siente más cómodo: como autor o como director? ¿Qué le resulta más  fácil?
-No busco la comodidad ni cuando actúo ni cuando dirijo ni cuando escribo. Las palabras “cómodo” y “fácil” las encuentro peligrosas para un artista.

-¿Qué opina del teatro comercial?
-Shakespeare, Mozart, Verdi, Moliere y  Goldoni, entre otros autores, querían que sus obras fuesen comerciales para poder vivir con dignidad de ellas, que dieran dividendos, así que hablamos de una muy digna aspiración. Lo absurdo de esta discusión en nuestro pequeño país, es que termina atacándose a la comedia como si fuese un género menor y cualquiera en este mundillo del teatro sabe que no es así. El punto es qué haces, qué ofreces; no se trata de no hacer comedias, sino cuál comedia y cómo.

-Jerzy Grotowski decía que estábamos en la obligación de recabar los aspectos más interesantes ocultos en un texto aparentemente banal y estereotipado, así que incluso tratándose de textos en apariencia menores la excusa parece estar servida. Reducir el esfuerzo teatral a una mera operación mercantilista es una cosa y montar un buen espectáculo de teatro y aspirar a que funcione es otra.  Hay obras, lo sabes cuando las ves, que están montadas bajo el lema del menor esfuerzo posible para la mayor ganancia posible y eso sí me parece triste y en nuestra actual situación, hasta me atrevería a decir que es perjudicial o al menos poco conveniente. Pero por fortuna el teatro sigue siendo un espacio democrático. Tengo una opinión, pero no me interesa decir que no se haga tal cosa y que sí se haga tal otra. Cada uno de nosotros lucha y trabaja por el teatro en el que cree. De todos modos, el florecimiento de un teatro percibido como comercial tiene que ver con otras circunstancias: la crisis política, social, el desespero de la gente, la violencia, la inseguridad y en el caso de los hacedores de teatro tiene que ver con las políticas del Estado de cara a las agrupaciones. No es un fenómeno espontáneo producto de la bonanza o del buen vivir o del aburguesamiento de la sociedad, es mucho más complejo. A mi entender, la palabra es “crisis”.

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