Caracas Dos Máscaras: El Cascanueces, ¿es realmente para niños?

31 dic. 2013

El Cascanueces, ¿es realmente para niños?

Crónica sobre el espectáculo El Cascanueces


Por Catherine Medina
@cdmmarys
Imágenes de archivo

Cuando mi madre me llevó a ver El Cascanueces, que era interpretado por el Ballet Metropolitano de Caracas en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, cuenta que lo primero que hice en el intermedio fue preguntarle: “Mami, ¿y no me puedes dejar en la casa de mi abuela y te regresas rapidito?”. Tenía 4 años.

El recuerdo había permanecido bloqueado en mi memoria hasta el día en que volví voluntariamente a ver el mismo espectáculo, en el mismo lugar -sólo que 18 años después y con un enfoque totalmente renovado- y me di cuenta de que había muchos niños aburridos, con caras largas. De alguna forma me sentí identificada con su padecimiento, pues alguna vez lo sufrí.


Esta representación de El Cascanueces, adaptación del cuento El Cascanueces y el Rey de los Ratones escrito por Ernst T. Hoffmann, con música de P. I. Tchaikovsky y coreografía de Vicente Nebrada, es un ballet estructurado en dos actos que cuenta las aventuras de Clara y su Cascanueces de juguete, que cobra vida y juntos viajan al Mundo Mágico, donde visitan el Reino de las Nieves y el Reino de los Caramelos, donde son agasajados con muestras de danzas de diferentes partes del mundo.

Parece ilógico que una historia totalmente inocente sobre la fantasía de una niña y su cascanueces de juguete en tierras de flores, nieve y azúcar resulte aburrida para los niños. Pero lo cierto es que, El Cascanueces es en realidad una pieza compleja: La meta-historia (el viaje por el mundo mágico dentro del sueño de Clara) es algo que no todos los niños captan a la primera, y la ausencia de diálogo es algo que en definitiva no todo el mundo sabe manejar, menos aún si se trata de niños pequeños.

Regresando a mi “yo” de 4 años, ¿por qué El Cascanueces no es una pieza para niños pequeños? Aquí los tres motivos que pude observar –y constatar-.

Primero, los niños están acostumbrados a historias lineales, con diálogos y acciones precisas; y no a hilar historias en las que la única interacción entre sus personajes es física, no hablada. Claro que pueden aprender a apreciarlo, pero no es algo que se logre inmediatamente.
Segundo, si el niño es muy pequeño, no entenderá la solemnidad del acto: estarse quieto, en silencio, mientras los bailarines se amalgaman con la música y ejecutan su danza en torno a ésta.

Tercera y principal, ir a ver ballet es una decisión personal. Obligar a un niño a asistir puede causar el efecto contrario al que se busca: conseguir que aprecie el bello arte de contar una historia sin mediar palabras, sólo usando el cuerpo.

Un niño de 4 años puede odiar El Cascanueces si lo obligan a verlo, pero puede que, cuando sea maduro y consciente, vaya voluntariamente a poner a prueba su primer juicio. Y es muy posible que sea capaz de apreciar todos los elementos que lo componen: la intrincada coreografía, los bailarines que parecen no obedecer a las leyes de la física y la gravedad, las escenografías móviles, y termine enamorado de ese mundo que tanto lo aburrió cuando era pequeño.

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