Alguna vez un director me dijo que un actor completo es aquel que actúa, canta, baila, hace esgrima y practica equitación. El control del cuerpo es total, y el saber es aún más amplio. La observación en estas actividades también es decisiva.
Hacer teatro no es solo pararse en un escenario y actuar, no se trata únicamente del proceso de creación de un personaje o de aprender a respirar. ¿De dónde proviene ese aire que se respira? Hay que percibir, reconocer, sentir la atmósfera teatral. Tocar, oler y ver el espacio en el que se desenvuelve una obra. Reconocer el arte que está inmerso en la piel del creador, que solo emana el humano en lo más profundo de su ser. El escenario, la sala, las butacas en sí mismas reposan, se mantienen, digieren la energía estando a solas, pero estando vacías no son nada.