Fresa y Chocolate habla al espectador de la intolerancia en dos grandes vertientes: la orientación sexual y la ideología política
Por Catherine Medina
@cdmmarys
Imágenes cortesía Trasnocho Cultural
El sueño de todo autor es que su obra no se
pierda en el tiempo. Y las grandes obras resaltan por su versatilidad para
adaptarse a su paso. Trono de Sangre, película
dirigida por Akira Kurosawa en 1957, es una adaptación de Macbeth, obra teatral escrita por William Shakespeare en 1606; Alegoría de las Cavernas, de Platón,
inspiró a los Hermanos Wachowski en 1999 a escribir el guión que se convertiría
en la célebre trilogía de The Matrix.
Pero además existe otra clase de obras que
trascienden porque, sin tener que acudir a las brujas de Macbeth o a las píldoras azules y rojas de Morpheus, logran aferrarse a los años porque lo planteado en estas son
problemas humanos presentes en todas las generaciones, como la religión, la
ideología política, la sexualidad, el amor, y la intolerancia. Este es el caso
de El Lobo, el Bosque y el Hombre Nuevo,
cuento de Senel Paz que le hizo ganar el Premio Juan Rulfo otorgado por Radio
Francia Internacional. Posteriormente el mismo Paz lo adaptaría a un guión
cinematográfico, y la nueva versión del famoso cuento, Fresa y Chocolate, quedó grabada en la historia del colectivo
cuando se estrenó en el Festival de la Habana en 1993. Casi veinte años
después, Paz convirtió su cuento en una pieza teatral para tres personajes, con
el mismo título.





