Caracas Dos Máscaras: La Versión del Público

13 mar. 2011

La Versión del Público

La Versión del Público
Vale más la atención impecable a quien va a ver una obra que la vestimenta, la cámara o la identificación personal, o sea, quien eres.

Por Patrizia Aymerich
@Patifini
Fotografía Cortesía http://enlafilacero.blogspot.com/


Sales de tu casa un domingo por la tarde y el clima es perfecto de montaña. La brisa fría te recuerda las cenas en el Junquito o las madrugadas navideñas en compañía de tus amigos y un vinito. Tomas tu carro o, mejor, te vas a pie porque te queda cerca; cualquier opción es la correcta porque no hay tráfico. Eres tú quien se dirige a ver una obra en alguna sala de Teatro de la Capital. La ciudad es vital y tus emociones se envuelven en ella para cambiar tu percepción. Es por esto que el Teatro es el producto de tus emociones hacia el entorno y las funciones nunca serán iguales.

Dicen que el Teatro en nuestro país es un círculo cerrado y que mantiene el mismo público desde hace varias generaciones. Pero lo cierto es que se está renovando, las personas que han asistido desde antes mantienen la fidelidad con este arte hasta hoy, y nuevas personas se han sumado a esto. Ya no es una cuestión de culto a una manifestación sectaria y underground, sino que se ha convertido en una razón más para disfrutar de la Ciudad que, en muchos casos, es víctima de las quejas sobre la inexistencia de lugares de encuentro y entretenimiento.


Desde el salir de tu casa, el trayecto hacia la sala, las personas con las que te encuentras y la atención que te brinda el taquillero, el de las cotufas y los guías de sala, estás en el Teatro. Si algo de esto sale mal, la obra será mala.

Si es preciso condensar nuestras energías en la paciencia a una urbe desorganizada y caótica, vale mucho la labor que hacen los grupos de teatro y las personas que trabajan en las salas por dar un trato amable al público. Por el contrario, resulta un esfuerzo convencer al venezolano común de que se está haciendo arte en el país y de que hay que ir a verlo, como para que se derrumbe el Castillo de Naipes por pretender que se es un rey o, más claramente, un artista en el término moderno, que incluye un léxico lleno de producción y fama. Así olvidan que el teatro está hecho para el público y que sin éste no hay función. Por esto, es necesario que aquellos que hacen Teatro se involucren más con el dinamismo de la ciudad, que entiendan que la persona que va a verlos tuvo un día arduo de trabajo y luchó contra la hora pico del tráfico salvaje de la ciudad para ver la obra. Que entiendan que, por ello,  vale más la atención impecable a quien va a ver una obra que la vestimenta, la cámara o la identificación personal, o sea, quien eres. Es claro que hay normas para cada sala, pero si se explican con respeto todo sale más bonito.

Ya sea que prefiera uno elegante como el Trasnocho Cultural de Las Mercedes o uno más modesto como el Teatro Luis Peraza de Valle Abajo, es cierto que el público caraqueño agregó al viernes de rumba y a los sábados de cine, un domingo de teatro. No es fácil que te otorguen un lugar en el calendario y menos ganarse el respeto del público, por eso algunos grupos hacen “celebraciones” para tratar de recordar a las personas de que existen y otros hacen obras. Y esas, de gente amable, son las que vale la pena ver.

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