Caracas Dos Máscaras: El pelícano

3 jun. 2012

El pelícano


La normalidad del pelícano

El pelícano, original de August Strinberg, se presenta en el Celarg como parte del Proyecto Strindberg organizado por Hebu Teatro

Por Patrizia Aymerich
@Patifini 
Imágenes cortesía Hebu Teatro


La oscura historia de El Pelícano, original de August Strindberg, dramaturgo sueco, se desarrolla en un lugar frío, a principios del siglo XX. El horror de la trágica muerte del padre, parece estarle cobrando la existencia a los protagonistas y ha hecho despertar el dolor en el que se han mantenido sumergidos durante tanto tiempo.

Federico y Gerda, los hijos, han recibido el hedor de las acciones de una madre desnaturalizada. Han vivido en el abandono y la negligencia de la mujer que los crió, siendo presas de las sobras de su avaricia, de los restos de comida seca, del vacío glacial en la casa y del arrebato del amor, incluido el esposo de Gerda quien es sujeto de lujuria por su propia madre.

De allí que cada uno haya adquirido una forma peculiar de ser. Federico refleja el dolor en su forma desgarbada y en la máscara siniestra que adormece en su rostro. Gerda se esconde, tiene por capa los pensamientos paralizados y la ingenuidad que le cuelgan del cabello negro.


Ninguno de los dos ha dejado de ser un niño y ese es el punto vital de la historia de Strindberg. La violencia, el descuido y el maltrato doméstico en la infancia que revelan al núcleo de la sociedad como la causa de los descontroles psicológicos y pasionales.

Lo impactante de la historia resulta precisamente la fina línea entre lo imaginario y lo real, que se han trazado Federico y Gerda para separar todo lo malo que han vivido de la inocencia infantil que nunca pudo ser para ellos. En el momento en el que despiertan de su ensimismamiento, aprenden a jugar y vuelven a ser niños. Pero, quizás ya es demasiado tarde.

Los elementos escenográficos parten de la contra imagen de una casa de madera que no vale nada, dentro de una historia enmarcada por el juego del dinero y la avaricia por la herencia que ha dejado el difunto. Todas las habitaciones están inmersas dentro del apartamento dividido en tres áreas sobre el escenario, donde destacan pocos elementos. Si bien es una idea original, de alguna manera deja corto al espectador que no termina de creer acciones sencillas, como por ejemplo la búsqueda del testamento, que se basa en el rodeo interminable de una pequeña mesa que supuestamente tenía puerta secreta.

Podría decirse que a este pelícano le cuesta volar, y es que hay un peso dentro de la escena que no termina de encajar en la limpia disposición que el director Orlando Arocha ha imprimido en la escena. En algunas ocasiones la actuación no logra su cometido, cuando se vuelven efímeros los quiebres de los personajes, lo que hace difícil la comprensión de un texto tan denso como este, que trata temas como el maltrato infantil y la significación de la muerte en la familia.

La leyenda del pelícano
Entrevista a Jesus Nunes

En el drama de Strindberg, el pelícano es un animal que ama tanto a sus hijos que los alimenta con su propia sangre y resulta irónico encontrar lo contrario en la madre, personaje interpretado por Diana Volpe. “Ella dice ser la madre ideal, pero en realidad no da nada por sus hijos, ni sangre, ni minutos, ni nada. Más bien los tiene en el abandono y el tiempo es quien le pasa factura por ese maltrato”, comenta Jesus Nunes, quien hace de Federico en el montaje.

“De pequeños Federico y Gerda veían a la mamá de una forma correcta, por decirlo de alguna forma, y cuando van creciendo se dan cuenta que el trato que les da no es el que debería. Van tomando conciencia y crecen con un resentimiento hacia la madre”, explica Nunes.

Con respecto a la óptica de la pieza, Nunes define su núcleo en el maltrato infantil: “es, de alguna forma, tratar de gritar aquí por todos los niños que son maltratados y que no pueden gritar”, asegura, refiriéndose a un problema que existe escondido en la sociedad. “A veces ellos mismos no saben que están siendo maltratados porque tienen 4, 5 o 6 años y no tienen conciencia, es lo que han vivido toda su vida”, dice.

Nunes asegura  que el fallecimiento del padre representa el giro dentro de la historia, por ser la muerte elemento de transformación en las personas que se quedan. Esto, representa el quiebre de cada personaje, que conlleva a la toma de decisiones y al cambio radical de las intenciones en la historia.

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